Rajagopal (Ekta Parishad): la fuerza del espíritu

Cuando Vinoba Bhave conoció por primera vez a Mahatma Gandhi vio en él una mezcla de la paz del Himalaya y de la revolución del Bengal. Años después diría que fue esa combinación única, encarnada en la figura de Mohandas, la que le hizo dedicar su vida entera a la revolución pacífica.

El encuentro se produjo el siete de junio de 1916, en Ahmedabad. Esta ciudad había sido el lugar elegido por Gandhi para emplazar el Ashram, un monasterio donde el activista hindú pudo asentar su espiritualidad y reposar sus ideas políticas. Fue allí precisamente donde Vinoba y Gandhi establecieron un vínculo personal y espiritual que haría al segundo nombrar a Bhave como su primer satyagrahi el 17 de septiembre de 1940.

Diez años después y con Gandhi ya fallecido, Vinoba retomó el legado iniciado por su maestro en 1930 con la Marcha de la Sal. Caminar con los pies descalzos como forma de protesta para la reforma de las leyes –una tradición que fue bautizada como Padayatra– se convirtió, gracias al discípulo de Gandhi, en una característica inherente al pueblo de la India que hoy en día mantiene su vigencia a través de la organización Ekta Parishad (La marcha de los ‘Sin Tierra’).

Los participantes de Ekta Parishad caminan hacia Delhi para protestar contra el Gobierno

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