El futbolista apagado

Lo que lo separa de la cancha inmensa, de las luces y del sabor miel de la victoria es un soplo en el corazón. A veces sueña que juega como Ponzio, en la media del campo, con algo más de técnica que Gago. Pero se despierta febril, empapado en sudor y con el pulso disparado. “Todos me decían que yo era el mejor jugador de la villa”, recuerda Roberto, a quien todos en Villa Fiorito conocen como ‘Colo’. Embutido en un plumas, con las manos en los bolsillos, se desliza a trompicones entre las pancartas, las ollas y la furia rabiosa de miles de personas que desfilan por la anchísima avenida 9 de Julio de Buenos Aires. Tiene los dientes alineados y la mirada limpia se le ilumina cuando respondo a sus preguntas sobre España. “El fútbol allá…”, suspira sin terminar la frase.

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