Concierto en la playa

Baila como un mod. Pero de eso hace ya unos años. Ahora se presenta él solo, acompañado de una multitud de unas cinco o seis personas frente a una jauría tranquila de nostálgicos. Bueno, hay de todo. Ahí está él, mirando el mar, con su guitarra colgada, su traje amplio, le queda grande. Tiene clase pero desgastada, elegancia cansada, como esa mirada de perro viejo a juego con las canas de su bigote. Sacude la guitarra, la agita, la araña, la acaricia. Pero la voz se mantiene sólida, paralela, fuerte. Buenas noches. Hay cuatro o cinco entre el público que saltan como si estuviese en el escenario el puto Justin Bieber. Son groupies, pero no se le quieren follar, claro. Un grupo, a la derecha, en alardes de ingenio ha empastado una melodía tópica a su nombre. Xoel, xoel-xoel-xoel Xoel, Xoel. Se revuelven los músicos sobre las tablas. El amor no es lo que piensas. Ni lo que pensamos todos. Sigue leyendo